Tu Rincón

Desde el Cementerio de la Memoria


 

-Orfanato de Mineros Asturianos versus Apartado 140-

 -hoy FUNDOMA-

  Pertenezco  a la generación decana, hoy sexagenaria, que aunque parezca mentira, hemos sido niñas, inquietas, traviesas, inteligentes y aprovechadas.

Hemos logrado una preparación, como maestras, enfermeras, secretarias y otros nobles oficios que nos han facilitado un futuro sin problemas, pese a las dificultades propias de esos tiempos difíciles socialmente y a las añadidas de haber quedado huérfanas en temprana edad.

 Mi estancia en estas instalaciones, se remonta al periodo 1954-1962, en que junto a otras dos asiladas ( así nos llamaban los propios docentes) como yo, hemos continuado nuestra preparación en el entonces Hospital Provincial de Asturias

En ese tiempo los gestores políticos de la institución, habían cedido parte de los pabellones como Hospital Provincial, y el Orfanato se componía de dos pabellones, uno para las niñas, en nº de 150 y el otro para los niños.

Además de una dependencia (El Chalet) para los directivos, en donde dormíamos las niñas que habíamos accedido a cursar estudios de bachillerato. Éramos custodiadas en especial por Dñª Elisa, que celosamente nos atendía y sancionaba con rigor extremo, sobre todo a mí y a mi amiga Alicia, que destacábamos por lenguaraces y repliconas y mostrábamos una infrecuente facilidad para aprender sin estudiar en demasía, lo que aumentaba nuestros deméritos.

También recuerdo unos aposentos posteriores a “Pueri ( el pabellón de niñas) a modo de cuadra, que habitaba la familia que cuidaba del mantenimiento

En cierta manera el Orfanato tras la guerra, y la significación de los mineros como adversarios al Régimen, funcionó como un elemento para la asimilación de los valores burgueses por parte del alumnado, ya que nos obligaban a abandonar la cultura popular y nuestra expresión bable, por considerarla aldeana e indigna de gente preparada.

Voluntariamente o no, imitábamos a nuestros docentes sancionadores y  entre nosotras, aunque inocentes, ridiculizábamos a las compañeras que usaran la lengua ancestral e imitábamos el ejercicio de la vejación y humillación sobre aquellas que se desviaran de los objetivos de control .

Me recuerdan ahora mis compañeras anécdotas terribles, que yo he tratado de olvidar, pero que evocadas por ellas vienen frescas a mi memoria, pidiéndome que las rescate del olvido voluntario, para que una vez a la luz, nunca más sean olvidadas, como testimonio de un tiempo gris que nunca debiera haber sido, por el abuso de autoridad manifiesta que se ostentaba.  Una de las anécdotas a ejemplificar, la he vivido yo y ha sido definitiva para  la adquisición autodidacta de mi cultura clásica:

-proveniente de un pueblo de Laviana (Cuenca del Nalón) con diez años me presento en el Orfanato, vestida con una gabardina, ceñida a la cintura, que seguramente no favorecía en exceso mi figura de niña gordita.

¡Yo me sentía tan bien con ella! Era nueva y había sido adquirida por mi madre para esa ocasión de mi ingreso, con gran esfuerzo económico.

Todas me miraban esperando lo que Dñª Josefina, tras mi presentación dijera, para aceptarme o no, y la maestra,  quizás extrañada de que me sintiera tan bien, comenta:

-muy buena gabardina pero la traes muy apretada.

Yo, contesté tan rápido, como lo hace mi nieta ahora, con tan sólo cinco años:

-“púnxomelo ansina mió má”

                                                                                                                                           2                                                                                                                                                                                

Ella rompió a carcajadas y las futuras compañeras hechas en un coro, la secundaron, un tiempo que se me hizo eterno.

Me corrigió cómo se debía decir sin aldeanismos y yo, entendí que ella que hablaba tan fino, sí era adecuada para burlarse, sin embargo, no alcanzaba a comprender la actitud de  las niñas, lo me dejó confusa.

Pensaba para mis adentros  “¿quién son éstas, tan aldeanas como yo, para reírse de mí?”.

Juré que si lo querían fino lo iban a tener y me comí los libros de la biblioteca de lo que llamábamos la” Oficina de Pueri”.

Bien leída, como dicen en mi pueblu, cuando Dñª Josefina usaba un término incorrecto, yo despiadada ya, la corregía.

-no se dice así señorita, la palabra adecuada es...

Desde luego me castigaban a fregar , un día sí y otro también, pero yo me daba el gusto de afearla en público, en justa correspondencia a mi recibimiento en el Orfanato.

Hoy, aunque quiera, no soy a hablar el bable con la soltura y espontaneidad que

corresponde a mis orígenes; fue un precio alto pero definitivo para mi sensibilidad literaria.

Otra anécdota que nunca he olvidado tampoco, pese al borrado de memoria voluntario, es aún más injusta:  tardé años en darme cuenta del sentido del bofetón que me dio otra maestra, Dñª Conchita, que era una de las mejores y más amables...

Lo contaré otro día que se hable del tema de “cómo proyectaban  su represión sexual  los docentes en los tiempos de la  dictadura”.

Otra más  de las anécdotas, que aún llora Alicia al contármela, es  la de una niñita de seis años, llamada también Alicia, víctima propiciatoria por haber aparecido en su maleta, un montón de alpargatas que se habían sustraído del almacén.

Se la hizo objeto de la estigmatización pública; los ¿docentes? la subieron a una de las mesas de la “Oficina”,ficina””” le pusieron un letrero en el pecho que decía:

-”soy una ladrona” .

 

Se nos impedía hablarle- me cuenta- porque estaba en pecado mortal y se nos estimulaba a vejarla públicamente. Y lo peor de todo era que reconvertían a las demás, inocentes como ella, en verdugos implacables. Aunque más tarde, apenadas por su dolor, fuéramos las mismas que la consolábamos, lejos de la presencia de los responsables.

Era este tiempo de inagotable post-guerra, difícil y dictatorial para todos, sobre todo para quienes proveníamos de las Cuencas, nido de la revolución minera (Revolución  del 34) que el franquismo temía aún, pese a haber diezmado a sus líderes y sometido al resto por medio del control ejercido a través del pensamiento clerical social católico.

Nuestro Centro (ORFANATO) considerado entonces, en su gran misericordia, benéfico, servía a la par  para controlarnos, ofertándonos una enseñanza subordinada a la doctrina de la Iglesia, en donde primaba la docilidad y el aplastamiento a cuanto era significativo de nuestra idiosincrasia: el bable, la organización solidaria y la actitud contestataria.

Había perdido el Orfanato, su carácter de centro de acogimiento, protección y preparaciónen progresión cultural para los huérfanos de las Cuencas. En principio, creado y mantenido de modo solidario por las cuotas del colectivo minero: 25 céntimos aportados por tonelada de carbón extraído, como  tan bien recuerda Carmen .

Pese a todo ello, ha habido anécdotas y vivencias  entre compañeras  de una ternura ilimitada, reminiscencias de nuestra cultura minera y de las cualidades que  significan al colectivo minero: autenticidad, solidaridad y amor a los suyos.

Os remito a las anécdotas que nos aporta Carmen, Herminia y Alicia  y que se exhiben en la Comunidad Internacional Evolución personal (Hotmail) de la que soy administradora; algunas de ellas dejan de ser meras anécdotas y se transforman en historia viva e irrepetible.

A pesar de la necesidad que sentimos las veteranas, de verter nuestro cuenco de hieles en la blanca sábana virtual, nos quedamos con el aspecto positivo de nuestro paso por ese recinto, que nos ha optimado también,  por medio y a pesar de unas maestras imperfectas.

violeta Suárez